GUADALAJARA Lo matan de ocho balazos

GUADALAJARA, JALISCO.- 04 de Agosto.- Agencia ESQUEMA.- Luis Antonio Medina Solís, joven de 30 años, llegó la noche de este sábado a visitar a sus primos y tíos en una finca junto a una vinatería en la calle Rivas Guillén, a unos cuantos metros de la calle Hacienda Laureles. Eran las 21 horas.
 Poco tiempo antes se hallaba con una pariente política a unas cuadras de ahí; gran parte de la familia habitaba casas cercanas en ese barrio: "Se despidió de beso, nunca se despide de beso", dijo ella, que en ese momento no descifró su premonición.
 Luis Antonio se dedicaba a trabajar el aluminio; era de una familia trabajadora, aseguró la mujer. Tras las jornadas semanales se reunía con sus primos el sábado, y éste no fue la excepción.
 Cuadras arriba, una mujer mayor más, también pariente, escuchó los estruendos de los disparos. Minutos después se enteró del suceso.
 Fue una camioneta —unos dicen que una Murano blanca, otros que una Voyager arena— la que llegó hasta donde se hallaba él, afuera de la casa. Sujetos descendieron del vehículo y abrieron fuego en contra de Luis Antonio en ocho ocasiones, según los casquillos que encontraron las autoridades.
 Desatinados, los criminales acertaron dos disparos por cada brazo y, ya a quemarropa, le dieron un tiro más en el rostro, con lo que lo asesinaron. Tan pronto como llegaron, huyeron. Se presume que se fueron con rumbo hacia Juan Pablo II, su ruta terrestre de salvación.
 La calle se inundó de vecinos y familiares. Sus hermanos llegaron poco a poco y lloraban a gritos la pérdida: "¡Déjenme verlo, déjenme verlo!", decía uno que anunciaba justicia por mano propia.
 Los curiosos se conmovían con la escena y se quejaron con el golpe de la puerta de la camioneta del Servicio Médico Forense, pues creyeron que aventaron el cuerpo de Luis: "¡Lo aventaron como puerco!", dijo una señora que a duras penas, entre la oscuridad y la distancia, alcanzaba a ver las siluetas de los peritos.

 Las autoridades buscaban indicios; pocos testimonios y confusos, pues la gente corrió tras las detonaciones de calibre 40, igual que se disipó luego de que levantaron el cuerpo yerto de la banqueta.

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